DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE

El ambiente nos importa, pero no nos mueve lo suficiente

El ambiente nos importa, pero no nos mueve lo suficiente

La preocupación por el ambiente en Costa Rica es paradójica. Entre algunos actores políticos y económicos se resalta su importancia y se aprovecha lo que se ha logrado: imagen internacional, turismo, recursos y –ante todo- esquemas de conservación que son palpables. Pero también, son reiteradas las referencias a la protección ambiental como un obstáculo para el desarrollo, un trámite innecesario o un impedimento para resolver las inequidades que el estilo de desarrollo no logró corregir en décadas. En la ciudadanía la paradoja se repite: nos importa el ambiente, hablamos de él, entendemos mejor su importancia e identificamos lo que es “bueno” o “malo” hacer; sin embargo, esperamos que otros resuelvan, nos cuesta cambiar los hábitos, y necesitamos que nos empujen un poco.

Una encuesta realizada por el Programa Estado de la Nación[1] en el 2017 mostró la necesidad de combinar el cambio cultural, con el impulso agresivo de políticas públicas dirigidas a la sostenibilidad. Temas poco conocidos en el pasado, como el cambio climático, ahora son de dominio común (91% ha escuchado sobre él), y las personas saben qué lo provoca (la contaminación derivada del transporte, la deforestación y los residuos son señalados como sus causas). Hoy, la protección ambiental no es vista como un tema irrelevante: más del 60% la considera igual de importante que generar empleo, mejorar la educación o reducir la pobreza. Se ve posible y deseable apuntar a mejores prácticas: el 90% está de acuerdo con establecer obligaciones a los comercios para sustituir los plásticos y el 80% apoya exonerar los vehículos menos contaminantes. En cambio, la mayoría no está de acuerdo con la exploración petrolera en el territorio, ni acepta que se deba permitir contaminación a las empresas que generan empleo (gráfico 1). 

Pese a lo anterior, hay comportamientos en los cuales el cambio cuesta. El 73% de las personas encuestadas considera que a la ciudadanía costarricense le importan los problemas ambientales, pero no hace nada para resolverlos; y el 17% afirma que no le preocupan del todo. Además, un 80% no concurrió a ningún grupo, actividad o iniciativa para proteger la naturaleza en el último año. En el consumo, los criterios ecológicos son pocos: la proporción que siempre rechaza las envolturas contaminantes o que no compra a empresas irresponsables en este campo, es pequeña (23% en ambos casos). En el transporte es también notorio: solo un 19% afirma cambiar su forma de movilizarse por favorecer el ambiente (gráfico 2).

 

Si bien hay un problema cultural, sin el concurso de la política pública (no solo educativa) no es fácil eliminar las barreras que complican la posibilidad del cambio. El tema del transporte es clave: según la encuesta, entre quienes usan vehículo propio para desplazarse, el 69% no está dispuesto a usar transporte público porque encuentra limitaciones, o simplemente porque no es de su interés. En este campo, es indudable que la institucionalidad pública tiene el peso de modificar la lógica de la movilidad en el país, con un sistema eficiente y un ordenamiento territorial que vincule el crecimiento de las ciudades con el transporte y con el ambiente[2]. En general, el 75% de las personas considera que los esfuerzos para reducir la contaminación derivada del transporte son insuficientes. Similar situación se da con el reciclaje: según la encuesta, en los cantones en que el gobierno local recoge de manera separada los materiales, la probabilidad de que la gente los separe aumenta casi en 20 puntos porcentuales. Sin embargo, menos de un 40% reporta vivir en un cantón cuya municipalidad realiza ese tipo de recolección.

El cambio viene, entonces, por las dos vías: cultura y política pública. La mala noticia es la debilidad del sector público que debe impulsar las transformaciones de fondo: ordenar el territorio, hacer control efectivo de la actividad productiva e incorporar el criterio ambiental en la planificación y el estilo de desarrollo. La buena, es que las personas tienen disposición a cambiar, si hay un estímulo. Según una clasificación hecha por Lentini (2017), la mayoría de personas tiene voluntad para emprender acciones, a veces sin condiciones y a veces si no implican grandes esfuerzos económicos o sacrificios (gráfico 3). Sobresalen las mujeres como las que más disposición muestran. Que esto se traduzca en menores impactos y mayor sostenibilidad ambiental es una tarea que se puede impulsar. Pero ello implicar dar al tema un lugar central en la agenda política, y que tanto la ciudadanía como las empresas y las instituciones asuman costos y sacrificios.

 Los resultados y la Base de Datos de esta encuesta están disponibles para el análisis propio del público. Les invitamos a utilizarla para ampliar su utilidad en todos los ámbitos posibles. Las herramientas metodológicas y la base misma están a disposición en https://estadonacion.or.cr/estadisticas-bases-de-datos/bases-de-datos-costa-rica#bases-de-datos-sobre-encuesta-de-patrones-y-percepciones-ambientales-2017. Una síntesis se ubica en la dirección https://www.estadonacion.or.cr/2017/assets/en-23-aporte-cap-42.pdf y una breve visualización se encuentra en http://estadonacion.or.cr/encuesta-ambiente/.

Referencias bibliográficas

Lentini, V. 2017. Patrones y percepciones ciudadanas sobre medio ambiente y condiciones para el cambio. Ficha técnica y hallazgos preliminares. Ponencia preparada para el Informe Estado de la Nación 2017. San José: PEN.

PEN. 2017. Informe Estado de la Nación en Desarrollo Humano Sostenible 2017. San José: Programa Estado de la Nación.


[1] Esta encuesta fue el primer esfuerzo de este tipo realizado por el Programa Estado de la Nación (PEN), gracias al apoyo del proyecto “Creación de capacidades de los acuerdos multilaterales ambientales” (AMAs) del Minae y el PNUD. Los gráficos en este blog fueron elaborados por Esteban Durán del PEN.

[2] En el próximo Informe Estado de la Nación 2018, a publicarse en noviembre del presente año, se presentará un capítulo especial dedicado el tema del transporte y la movilidad en el país.

Sector agropecuario no apunta a una mayor sostenibilidad ambiental

Sector agropecuario no apunta a una mayor sostenibilidad ambiental

Pese a los importantes logros ambientales, Costa Rica hace un uso insostenible de sus recursos naturales y del territorio que, medido por la huella ecológica (que compara la brecha entre el uso de los recursos que hace la población y la biocapacidad del territorio), evidencia la existencia de fuertes presiones que comprometen el equilibrio ecológico y ponen en riesgo la integridad del patrimonio natural.

Uno de los usos del territorio que más impacto tiene sobre la huella ecológica es el agropecuario. Si bien en las últimas cuatro décadas la superficie dedicada a esta actividad disminuyó significativamente, al pasar de 3.122.456 hectáreas en 1973 a 2.406.418 hectáreas en 2014, y su participación en la economía nacional se redujo, no se han incorporado criterios de sostenibilidad en su gestión y, por el contrario, sus efectos ambientales parecen ser crecientes: contaminación de cuerpos de agua, erosión del suelo, elevada generación de gases efecto invernadero (segundo mayor contribuyente de emisiones contaminantes).  

El Programa Estado de la Nación elaboró un índice agregado que valora la incorporación de prácticas sostenibles o amigables con el ambiente, a partir de los datos recopilados por el VI Censo Nacional Agropecuario (2014).  El Censo incluyó preguntas en torno a cerca de 35 variables relacionadas con las prácticas productivas sostenibles. Este índice toma las respuestas y asigna una calificación en una escala de 1 a 10, en la que 10 representa la mayor presencia y uso de ese tipo de prácticas (los detalles técnicos, indicadores y metodología se pueden consultar en el Anexo Metodológico del Vigesimosegundo Informe Estado de la Nación). “El principal hallazgo es que la apuesta por estas prácticas no es la que tiene más peso en la mayoría de las fincas agropecuarias y tipos de cultivos” (PEN, 2016). Así, por ejemplo, del total de actividades presentes el 86,1% no trata las aguas.

Según este índice las fincas con prácticas más sostenibles son aquellas que se dedican principalmente a la cría de cabras u ovejas (con una calificación promedio de 4,6 en una escala de 1 a 10), le siguen el café, algunas hortalizas, las plantas ornamentales y la caña de azúcar. Por su parte, las fincas que dedican una porción importante de sus hectáreas al cultivo de granos básicos y tiquizque realizan en promedio menos acciones sostenibles (2,6 y 3,1, respectivamente). La plantación de pastos, que es la actividad que ocupa más suelo agropecuario (1.044.909 hectáreas en 2014), figura entre las cinco con una menor incorporación de este tipo de prácticas.

Si se analizan los resultados según el destino de la producción, la evidencia sugiere que esta variable no determina la presencia de prácticas amigables, pues en general las fincas exhiben puntuaciones bajas aún en aquellos casos en los que se supera el promedio (3,8). Entre los cultivos agrícolas los que se comercializan en el mercado local son las que reportan esquemas menos sostenibles. Por el contrario, los cultivos para el autoconsumo registran mejores prácticas. En el caso de la ganadería, la producción porcina para autoconsumo es la que tiene una menor integración de prácticas sostenibles (3,5; gráfico 1).

 

Gráfico 1. Incorporación de prácticas sostenibles en las fincas agropecuarias, según actividad y mercado de destino de la producción. 2014

 

El índice también permite realizar una aproximación por cantones. Los resultados muestran que en términos generales todos exhiben valores bajos (menores a 6). Con el fin de resumir esta información, se clasificaron los cantones en tres grupos del mismo tamaño, en función del puntaje que obtuvieron. En el primer caso se ubican cantones que en su mayoría pertenecen al Valle Central, que tienen un índice de desarrollo humano medio alto (cerca de la mitad) y que registran puntajes en un rango entre 4,0 y 5,8. Además, un número considerable de estos tiene como actividad principal el cultivo de café y concentran un 29,2% del total de fincas (93.017).

En el segundo grupo están cantones que muestran una mayor diversidad productiva, aunque el café sigue siendo la principal actividad del 44,4%. Estas localidades también se caracterizan por sus niveles medios de desarrollo humano (más de la mitad) y por pertenecer al Valle Central (aunque en una menor proporción). Y reúnen el 36,2% de las fincas agropecuarias. Las calificaciones se mueven en una escala entre 3,6 y 3,9. Cabe mencionar que solo ocho cantones superan la media.

En la tercera categoría se identifican cantones que se dedican fundamentalmente a la producción de ganado vacuno y que se localizan en zonas rurales y costeras. En conjunto estos agrupan el 35,5% de las fincas. Los valores promedio rondan entre 2,5 y 3,6. Es importante indicar que, a lo interno de cada cantón, la situación varía mucho. Por último, el 60% de estos cantones tiene niveles medio altos de desarrollo humano. En este aspecto no se observan diferencias sustantivas entre grupos.

En suma, los diez cantones con prácticas más sostenibles se ubican en la región Central donde se localiza gran parte de la población y cerca de mercados activos. No obstante, solo representan el 2,4% del territorio agropecuario. Por el contrario, los promedios más bajos se encontraron en Santa Cruz, Liberia, La Cruz, Carillo y Nicoya (gráfico 2) cantones fronterizos, costeros y rurales.

 

Gráfico 2. Ranking cantonal, según la incorporación de prácticas ambientales sostenibles en las fincas agropecuarias. 2014

 

Bibliografía

Inec. 2015. VI Censo Nacional Agropecuario (2014). San José, Instituto Nacional de Estadística y Censos.

PEN. 2016. Vigesimosegundo Informe Estado de la Nación. San José, Programa Estado de la Nación.

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