DESARROLLO HUMANO SOSTENIBLE

¿Dónde poner el foco para cambiar las prácticas ambientales de la ciudadanía?

¿Dónde poner el foco para cambiar las prácticas ambientales de la ciudadanía?

Para transformar los patrones insostenibles que caracterizan el uso de los recursos naturales y el territorio en Costa Rica, así como minimizar las externalidades negativas que esta situación genera en la salud pública y el medio ambiente, el país requiere, además de realizar esfuerzos importantes en política pública, y contar con recursos económicos para su implementación y seguimiento, crear incentivos o sanciones que modifiquen los hábitos y la cultura de la ciudadanía en este campo.

Según la encuesta “Patrones y percepciones ciudadanas sobre medio ambiente y condiciones para el cambio”, que realizó el Programa Estado de la Nación a mediados de 2017, con el apoyo del proyecto “Creación de capacidades de los acuerdos multilaterales ambientales” (AMAs) del Minae y el PNUD, existe una amplia brecha entre la importancia que las personas otorgan al tema ambiental y las prácticas que realizan. Es decir, la población concede un alto grado de relevancia a la protección de los recursos naturales, pero en la vida cotidiana –mayoritariamente- sus hábitos son insostenibles.

¿Cómo cambiar esta situación? Si bien es necesario actuar de forma simultánea en varios frentes, hay acciones que se pueden impulsar sin que sea necesario realizar reformas normativas e institucionales, o fuertes inversiones en un escenario poco propicio para ello.

Para analizar este tema, con base en la información recopilada por la encuesta, se llevaron a cabo varios ejercicios. En primer lugar, se elaboró un índice que mide cuánto se aleja la ciudadanía de las prácticas más sostenibles. Se consideraron 114 preguntas, cada una de ellas recodificada y sumada en un puntaje final. De esta manera los valores finales debían moverse entre un mínimo de 0 y un máximo de 100 puntos, donde 100 es el ideal y se interpreta como una sociedad que lleva a cabo todas las mejores acciones (PEN, 2018). Según este índice, la mayoría de los hogares está en una situación desfavorable en cuanto a la incorporación de prácticas sostenibles: el promedio es de 51 puntos sobre 100 (Segura, 2018).

Dado lo anterior, se buscó determinar cuáles factores en cuanto a consumo, manejo de residuos, transporte, uso de agua, entre otros, inciden en que un hogar incorpore o no prácticas más sostenibles entre sus hábitos cotidianos. Para ello se estimó un modelo de regresión logística[1] que consideró 125 variables relacionadas con la huella ambiental, la responsabilidad y el conocimiento ambiental, la percepción de las personas sobre la situación ambiental en el país y la disposición al cambio.

Los resultados evidencian que los factores que incrementan las posibilidades de inserción (en orden de importancia) son: tener conciencia ambiental sobre los impactos que generan ciertas actividades sobre el ambiente (por ejemplo, quemar combustible para el transporte), participar en actividades relacionadas con el ambiente, separar plásticos, cambiar el medio de transporte, comprar alimentos orgánicos, cuidar la calidad del agua y ahorrar agua (gráfico 1).

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Por último, se crearon dos escenarios en los cuales se les asignaban respuestas “ideales” a todos aquellos casos por debajo del valor medio del índice construido, de esta forma se pudo determinar cuáles pueden ser en materia de toma de decisiones dimensiones que impulsen cambios en el comportamiento de los hogares (ver los gráficos 2). El primero incluye aquellos que no tienen conciencia sobre el impacto negativo de algunas actividades sobre el medio ambiente. El segundo considera los casos en los que se señaló no haber participado –en el último año-  en ningún grupo, actividad o iniciativa para proteger el ambiente. Sí cambiaran estas dos condiciones el número de hogares a nivel nacional que realizan pocas acciones en materia ambiente se reduciría en un 33% y en un 89%, respectivamente.

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En suma, garantizar un mayor involucramiento de la ciudadanía en las diferentes acciones que se desarrollan en materia ambiental en el país, así como ampliar los programas de educación en este tema son aspectos que permitirían modificar los patrones insostenibles que caracterizan la gestión de los recursos naturales y el territorio. Por tanto, actuar sobre estos tendría un impacto positivo de cara al cumplimiento de muchos de los compromisos, nacionales e internacionales, que Costa Rica adquirió en este campo. 

Fuentes

PEN. 2017. Encuesta “Patrones y percepciones ciudadanas sobre medio ambiente y condiciones para el cambio”. San José: Programa Estado de la Nación, Minae y PNUD.

Segura, R. 2018. Análisis de los patrones medioambientales de las personas en Costa Rica. Contribución especial realizada para el Informe Estado de la Nación 2018. San José: PEN.

Notas

[1] La regresión logística es un tipo de análisis utilizado para predecir el resultado de una variable categórica (que puede adoptar un número limitado de categorías) en función de las variables independientes o predictoras. Es útil para modelar la probabilidad de que ocurra un evento en función de otros factores.

Sector agropecuario no apunta a una mayor sostenibilidad ambiental

Sector agropecuario no apunta a una mayor sostenibilidad ambiental

Pese a los importantes logros ambientales, Costa Rica hace un uso insostenible de sus recursos naturales y del territorio que, medido por la huella ecológica (que compara la brecha entre el uso de los recursos que hace la población y la biocapacidad del territorio), evidencia la existencia de fuertes presiones que comprometen el equilibrio ecológico y ponen en riesgo la integridad del patrimonio natural.

Uno de los usos del territorio que más impacto tiene sobre la huella ecológica es el agropecuario. Si bien en las últimas cuatro décadas la superficie dedicada a esta actividad disminuyó significativamente, al pasar de 3.122.456 hectáreas en 1973 a 2.406.418 hectáreas en 2014, y su participación en la economía nacional se redujo, no se han incorporado criterios de sostenibilidad en su gestión y, por el contrario, sus efectos ambientales parecen ser crecientes: contaminación de cuerpos de agua, erosión del suelo, elevada generación de gases efecto invernadero (segundo mayor contribuyente de emisiones contaminantes).  

El Programa Estado de la Nación elaboró un índice agregado que valora la incorporación de prácticas sostenibles o amigables con el ambiente, a partir de los datos recopilados por el VI Censo Nacional Agropecuario (2014).  El Censo incluyó preguntas en torno a cerca de 35 variables relacionadas con las prácticas productivas sostenibles. Este índice toma las respuestas y asigna una calificación en una escala de 1 a 10, en la que 10 representa la mayor presencia y uso de ese tipo de prácticas (los detalles técnicos, indicadores y metodología se pueden consultar en el Anexo Metodológico del Vigesimosegundo Informe Estado de la Nación). “El principal hallazgo es que la apuesta por estas prácticas no es la que tiene más peso en la mayoría de las fincas agropecuarias y tipos de cultivos” (PEN, 2016). Así, por ejemplo, del total de actividades presentes el 86,1% no trata las aguas.

Según este índice las fincas con prácticas más sostenibles son aquellas que se dedican principalmente a la cría de cabras u ovejas (con una calificación promedio de 4,6 en una escala de 1 a 10), le siguen el café, algunas hortalizas, las plantas ornamentales y la caña de azúcar. Por su parte, las fincas que dedican una porción importante de sus hectáreas al cultivo de granos básicos y tiquizque realizan en promedio menos acciones sostenibles (2,6 y 3,1, respectivamente). La plantación de pastos, que es la actividad que ocupa más suelo agropecuario (1.044.909 hectáreas en 2014), figura entre las cinco con una menor incorporación de este tipo de prácticas.

Si se analizan los resultados según el destino de la producción, la evidencia sugiere que esta variable no determina la presencia de prácticas amigables, pues en general las fincas exhiben puntuaciones bajas aún en aquellos casos en los que se supera el promedio (3,8). Entre los cultivos agrícolas los que se comercializan en el mercado local son las que reportan esquemas menos sostenibles. Por el contrario, los cultivos para el autoconsumo registran mejores prácticas. En el caso de la ganadería, la producción porcina para autoconsumo es la que tiene una menor integración de prácticas sostenibles (3,5; gráfico 1).

 

Gráfico 1. Incorporación de prácticas sostenibles en las fincas agropecuarias, según actividad y mercado de destino de la producción. 2014

 

El índice también permite realizar una aproximación por cantones. Los resultados muestran que en términos generales todos exhiben valores bajos (menores a 6). Con el fin de resumir esta información, se clasificaron los cantones en tres grupos del mismo tamaño, en función del puntaje que obtuvieron. En el primer caso se ubican cantones que en su mayoría pertenecen al Valle Central, que tienen un índice de desarrollo humano medio alto (cerca de la mitad) y que registran puntajes en un rango entre 4,0 y 5,8. Además, un número considerable de estos tiene como actividad principal el cultivo de café y concentran un 29,2% del total de fincas (93.017).

En el segundo grupo están cantones que muestran una mayor diversidad productiva, aunque el café sigue siendo la principal actividad del 44,4%. Estas localidades también se caracterizan por sus niveles medios de desarrollo humano (más de la mitad) y por pertenecer al Valle Central (aunque en una menor proporción). Y reúnen el 36,2% de las fincas agropecuarias. Las calificaciones se mueven en una escala entre 3,6 y 3,9. Cabe mencionar que solo ocho cantones superan la media.

En la tercera categoría se identifican cantones que se dedican fundamentalmente a la producción de ganado vacuno y que se localizan en zonas rurales y costeras. En conjunto estos agrupan el 35,5% de las fincas. Los valores promedio rondan entre 2,5 y 3,6. Es importante indicar que, a lo interno de cada cantón, la situación varía mucho. Por último, el 60% de estos cantones tiene niveles medio altos de desarrollo humano. En este aspecto no se observan diferencias sustantivas entre grupos.

En suma, los diez cantones con prácticas más sostenibles se ubican en la región Central donde se localiza gran parte de la población y cerca de mercados activos. No obstante, solo representan el 2,4% del territorio agropecuario. Por el contrario, los promedios más bajos se encontraron en Santa Cruz, Liberia, La Cruz, Carillo y Nicoya (gráfico 2) cantones fronterizos, costeros y rurales.

 

Gráfico 2. Ranking cantonal, según la incorporación de prácticas ambientales sostenibles en las fincas agropecuarias. 2014

 

Bibliografía

Inec. 2015. VI Censo Nacional Agropecuario (2014). San José, Instituto Nacional de Estadística y Censos.

PEN. 2016. Vigesimosegundo Informe Estado de la Nación. San José, Programa Estado de la Nación.

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